Líquidos

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En función del tipo de esfuerzo y de la temporada ambiental, el cuerpo perderá a través del sudor cantidades importantes de agua, en el empeño de mantener la temperatura corporal dentro de límites normales, esto es, entre 36,5 y 37,5º C.

 

El movimiento de los músculos produce calor y el cuerpo pone en marcha un mecanismo de disipación del mismo, a través del sudor y su posterior evaporación. En días calurosos y muy húmedos este mecanismo defensivo del organismo puede verse desbordado y las pérdidas por sudor pueden ser extremas, alcanzando serios niveles de deshidratación. En estas circunstancias es fundamental llevar ropa ligera y suelta que permita la libre circulación de aire alrededor de nuestra piel.

 

Tomar líquidos

La deshidratación se va a manifestar al principio en forma de problemas localizados, del tipo de calambres musculares, sensación de sed, visión borrosa, etc., y si no reponemos líquidos puede desembocar en un golpe de calor, situación extrema de deshidratación que puede comprometer nuestra vida, ya que la temperatura corporal se eleva por encima de lo 40º C.

 

Las pérdidas hídricas deterioran el rendimiento físico del deportista, de forma que con una pérdida de sudor equivalente al 2% del peso corporal (1,4 litros en una persona de 70 kg), la capacidad física se verá reducida en un 20%, aparecerá más fácilmente la temible “pájara” y el individuo estará más predispuesto a las caídas, accidentes varios e incluso a la retirada. Ante esto, es comprensible que los médicos deportivos insistan tanto en la hidratación durante la actividad deportiva.

 

Durante los esfuerzos de larga duración, sobreviene a menudo inapetencia hacia alimentos sólidos. Además, a través del sudor perdemos cantidades sustanciales de minerales o sales, especialmente cloro, sodio, potasio o magnesio. Por todo esto, será conveniente añadir algunos componentes al agua, preparando una eficaz y a la vez agradable bebida energética, es decir, bebidas isotónicas cuya composición está formada por hidratos de carbono simples (glucosa o fructosa), minerales diversos (cloro, sodio, potasio, magnesio, zinc o selenio) y vitaminas B y C, que tienen efectos positivos sobre el rendimiento muscular y su posterior recuperación.

 

Las mezclas a base de agua con té y limón o con té y miel, pueden ser apropiadas siempre que el contenido en materia dulce no sea excesivo, pues en caso contrario pueden llegar a causar problemas digestivos tales como náuseas, vómitos o diarreas, con lo que podría desencadenarse o agravarse en estado de deshidratación. De igual modo, es aconsejable que cada dos horas realicemos pausas de 5-10 minutos en las que tomaremos los alimentos apropiados para el esfuerzo, acompañados de agua o bebidas preparadas.

 

Otro aspecto a considerar es la temperatura del agua. Si bebemos el agua muy fría, al tomar contacto con las paredes del estómago que se encuentran a 37º C, puede provocar un shock térmico, conocido popularmente con el nombre de “corte de digestión” y que se caracteriza por vómitos, sudoración y pérdida del conocimiento. Así, podemos establecer que la temperatura ideal para las bebidas se encuentra entre 10 y 15º C para no padecer ningún tipo de riesgo,